Murakami

Después de la increíble oleada de admiradores que se reunieron para alzar la voz y proclamar al gran Haruki Murakami como un escritor revelación, sentí curiosidad, para variar y aproveché una de esas ofertas intimidatorias que ofrecía la fnac al hacerte la tarjeta: 8 libros al precio de 4 (los más caros, no hace falta ni decirlo). El caso es que, en este pack, me agencié de cuatro tomos de Murakami: Sauce ciego, mujer dormida, Kafka en la orilla, Sputnik, mi amor,Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

Ese es el comienzo, así, de un tirón, me dejé embaucar por la voz extendida que aclamaba a Murakami. Tusquest se atrevió a decir que ya estaba entre uno de los candidatos al Nobel. Es más, no sólo se atrevió a difundirlo de manera fugaz, sino que lo colocó en la biografía del propio autor, lo que me hizo arquear la ceja y adentrarme con mayores expectativas en Kafka en la orilla. Obviamente el nombre de Kafka fue uno de los imanes que me condujo a ir pasando páginas con una mirada ávida de encontrar el rastro de unas palabras que, como muchos afirmaban, debían conducir a un maravilloso paraíso, como cuando lees un libro que te transporta no lejos, no a un paisaje bucólico para descansar sobre la hierba moteada de rocío, sino a un espacio personal, tenuamente iluminado en el que se funden las sombras con las figuras que dibuja mi propia silueta. El rincón íntimo en el que nos dejamos embadurnar de perfumes y poesías, de expresiones deliciosas, siempre con apetito de más sensaciones, de más turbulencias, de encontrar tras unas grafías recuerdos y emociones, que no te llevan al más allá, pero que acarician tu mente, como el fiel cachorro que vuelve a los pies del amo en busca de sensaciones reconfortantes. Así me siento yo, leal a lo que se escribe, buscando el calor de una hoguera en la que perder la mirada, en la que proyectar mis frustraciones para que acaben carbonizadas con una mirada despejada de melancolía porque ando en compañía, en mi propio rincón, de mis respiraciones, de las huellas de otros abrazos que libros que antes me acompañaron.

Como decía, me adentraba, página tras página en el pasillo que conducía a este lugar, donde encuentro el clímax de la lectura. Y así lo esperaba, anduve a trompicones para llegar cuanto antes y sentarme en un cojín con una sonrisa pétrea sobre mis labios, alimentada, sin ninguna duda, por las críticas que formaban ese aura sobre Murakami. Pero, a medida que iba pasando las páginas, noté que me distanciaba de mi destino, de mi anhelado espacio que había cerrado con llave tras la experiencia anterior y fui leyendo y leyendo, con el ceño fruncido, a punto de dejarlo estar, a punto de abandonar lo que coronaban como una gran novela. Estaba confundida, sentada en el suelo del pasillo aprovechando la penumbra para continuar y no desistir, para darle una oportunidad al final. Fueron pasando los hechos, que no describiré para no hacer spoiler, y tuve que cerrar el libro un par de veces y contemplar el techo con una mano sobre el lomo, esperando encontrar algo de comprensión en aquel galimatías. Ni me esperaba esa literatura tan confusa, ni quería desenredarla. No era bienvenida, no por la sorpresa, sino porque me resultaba incómoda, reacia, áspera y sucia. Era una mala jugada por parte de Murakami, pero tomaba aire y continuaba, venga, va, ánimate, tú nunca te dejas libros a medias. Dale una oportunidad.

Y vaya si lo hice, lo acabé, con un esbozo de sonrisa. Per o no hay que malinterpretarla, no era un gesto de picardía, ni siquiera un asomo de satisfacción, ni siquiera un sabor agridulce. Era la amargura de una tomadura de pelo, me sentía como si me hubieran amordazado con la cuerda del telón, como la cómplice involuntaria de la mayor estafa de la historia. Estaré exagerando, no lo dudo, pero había adoptado una predisposición muy positiva, había dejado casi entreabierta la puerta hacia mi rincón, incluso me había permitido hacer trampa para casi dejarlo entrar en las primeras páginas. Pero yo, ofreciendo la mejor de mis sonrisas y después de haber corregido la falda del vestido, cerré el libro y lo dejé sobre la estantería, sin saber qué pensar, literalmente.


Pasó el tiempo y adorné de mi frustración mi mirada en cuanto se posaba en la portada del gato verde, hasta que encontré los otros tres libros que había adquirido en ese ataque de ingenuidad. Dios mío y ahora qué hago. Dejé a un lado mi sentimiento de loba herida y cogí Sauce ciego, mujer domida, un libro de relatos breves. Lo encontré, con un gesto burlón en cada párrafo. Con un máscara de carnaval, esperando encontrarse con mi mirada para sacarme la lengua, para penetrarme con los ojos de cartón, para emitir una risa aguda que resonaba en mis oídos. Lo acabé entre suspiros y quise colocarme las gafas de sol, dejar caer la cabeza y entregarme al calor del una tarde de verano.

Mi madre se leyó Sputnik, mi amor y me lo recomendó. Decidí acabar con este tema, tratar de despojarme de la incesante suciedad que iba echando sobre mí y me encontré con una grata sorpresa. Me gustó, no llegó a entrar, pero se quedó a las puertas. Pero también fue porque mantuve su rígido cuello entre mis dedos y me negué a seguir leyendo si continuaba con su sátira destartalada. Fui capaz de cerrar los oídos y encontrarlo a él y dejarlo pasar, con un gesto un tanto torcido.

Después de estos libros, incluso me atreví a coger el último libro Crónica del pájaro que le da cuerda al mundo pero desistí pronto, porque fue meter el pie en su charca y descubrir que sólo era lodo. No quise meterme allí de nuevo.

Después de contar esta experiencia con el autor, creo que tengo suficientes motivos como para calificarlo como un indeseable picor. Ahí está, Murakami, en las estanterías, en la boca de la gente, y no hace más que escocerme, pero al rascarme de una forma salvaje sólo me hago heridas. Lo encuentro a él, a su burla, a su parafernalia, sobre mi piel y al intentar arrancarlo, dejo arañazos.

Cada vez que alguien me dice que le gusta Murakami, pues bueno, me rasco de manera escandalosa y violenta, me coloco bien la falda del vestido y pongo mi mejor sonrisa.

So



Qué fácil es esbozar una sonrisa furtiva tras el encanto de un abanico.
Hoy tampoco tengo sueño.

Black in time


No sé, me decías entre bostezos, no lo entiendo.

Claro que no, qué vas a entender. Nadie entiende nada.

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Conversaban del equilibrio entre el poder de la fuerza y el de la palabra. Hace muchos años, cuando las guerras eran algo por lo que luchar, y los niños crecían bajo el peso de sus escudos, el instinto animal se respiraba en el ambiente, siempre orientado hacia una victoria que conllevaba la derrota implacable sobre el enemigo. Así, la muerte no era un obstáculo sino el orgullo por la lucha por la que se había sido educado, domesticado y adiestrado. Oídos sordos hacían los guerreros frente a la prudencia sugerida por unos -si me permite generalizar- sabios, que hablaban de la osadía, la tenacidad, y valores que se hallaban entre sus cuerdas vocales pero que no eran palpables. Pero no entendían más que espada y escudo, familia y honor, sangre y victoria, que eran otros términos que sí se materializaban en sus vidas y que, de hecho, se forjaban generación tras generación. Fue hereditaria, por lo tanto, la separación entre un guerrero que podía ser audaz, pero que ello implicaba debilidad y quizá duda, un capricho que podía costarle la vida.

Pasaron y pasaron los años, y sigo cuestionándome dónde está la separación entre la diplomacia y la sangre. Se trasladaron las guerras y las cruentas batallas hacia lugares inaccesibles para los medios de comunicación, tergiversaron, como en toda pelea que se precie, los hechos y hablaban ,de nuevo, sobre enemigos, aliados y muerte. Pero la distancia que ahora existe entre aquel que se dirige a lidiar y a combatir en nombre de su patria y aquel que lo ordena, que se presupone que es el poseedor del poder de la palabra, es abismal en comparación con la antigüedad. Nadie concibe que fuera exacto, los tiempos cambiaron, existen términos como democracia y derechos humanos que tratan de distorsionar la concepción de la supervivencia o del más fuerte. Sin embargo, el poder dominante actual ya no está en la palabra, ni siquiera en la fuerza, sino en el narcótico. Estamos completamente sedados, somos educados entre valores visiblemente ambiguos que pueden cambiar de un momento a otro y despedazar la estructura interna, qué soy, por qué actúo así, hasta que acabamos preguntándonos quién es el bueno y quién es el malo. Con una combinación de fuerza y palabra, se halla la fórmula para garantizar que la gente, el gentío, la masa, las personas, se orienten en un mismo sentido, tal vez difuso, pero aparentemente estable o al menos, de manera temporal.



Que el discurso desde siempre haya sido una manera para proliferar ciertas acciones es algo innegable, pero tampoco lo es la combinación suprema de fuerza y palabra actual,que producen el efecto de somnífero de la población, el cual sustenta el mundo entero.

Al igual que un gobierno dispone de fuerza coercitiva (ejército, policía) y de poder de palabra (políticos) para ejecutar sus decisiones y aplicarlas en el mero acto de dominación, también deberían existir esas vías para aquellos que no están de acuerdo, en tiempos de democracia. Y aquí me pregunto yo, por qué se alteran, por qué se sorprenden del uso de violencia con fines reivindicativos cuando las vías del consenso y diplomáticas son silenciadas con un simple gesto. No justifico, ni mucho menos, atentados ni acciones delictivas, pero sí doy a entender cómo es de comprensible que se llegue a esos límites. No existe combinación posible, equilibrio, entre palabra y fuerza para aquellos que no encuentran amparo en lo dictado por su propio Estado. Sólo supone cierta amenaza y, por tanto, atención, aquellos que violan todo convencionalismo social y rompen el silencio, ya no con pancartas, sino con bombas y con vidas.

Es una evolución curiosa, y el contraste es evidente. Parece mentira, pero esta reflexión me ha venido a la cabeza cuando he pensado en la gente que me da miedo. Y en mi cabeza he visualizado tanto a las fuerzas policiales como a los marginados sociales.

¿Por qué sobreviven?¿Cómo sobreviven? En sus metodología se halla la estimulación de su supervivencia: la violencia. Serán, los marginados sociales, los únicos que no acatarán órdenes del Estado y que, a la fuerza, desarrollarán el todo o nada. Mientras yo vivo bajo la ilusión de la libertad, pensando que no corro ningún riesgo, que no me juego la vida, y si lo hago, declararé culpables o sospecharé de aquellos que mantengan la actitud violenta por su supervivencia.

Que alguien me lo explique.

Temen a esta bruja si temen a su varita


Le gusta leer historias de vampiros enamorados que se ven impotentes ante el fatídico destino que creó barreras, pero que se entregan y deciden guiarse por los sentimientos que se entrelazan entre ellos. Pasa varias noches delante del ordenador, posteando con imágenes de princesas olvidadas, con vestidos estrafalarios, maquillaje oscuro y atrapadas bajo una máscara de soledad. Prefiere mirar a la luna, con el aroma del jazmín sollozando bajo su ventana, e imaginarse en un castillo encantado, mientras suena alguna melodía empalagosa y nostálgica. Quizá llora, al recordar, o quizá llora porque es incapaz de revivir momentos lo suficientemente tristes como para sentirse carcomida por la melancolía. Era verdad lo que decían, asentía. Vislumbró que no era sino la ilusión de tristeza la que más feliz le hacía, que prefería construir todo un universo lleno de mentiras, de desamores idílicos y de promesas quebradas, que era mucho más fácil volcarse en escritos que evocasen tiempos mejores, que recogieran sentimientos ajenos y otros escombros. Quería sentirse una princesa olvidada, una sombra del destino, producto de una serie de desdichas y erosionar su alma con falacias deliciosas, que dejaban amargos sabores (o eso había leído).
Miraba la portada de sus libros favoritos, y bajo la palma de su mano percibía el latir de problemas que jamás se interpondrían en su vida, de otros enredos que hacían vivir con pasión, con amor, con desolación, con desazón, con esperanza, con alegría, las inquietudes, quizá la búsqueda de un sentido para seguir despertando cada mañana (sin su olor). Mira su móvil esperando alguna llamada perdida, más bien, sin esperarla. Se había entregado al sensacionalismo y se revolcaba en el engaño, se mentía a sí misma cuando se calzaba esa actitud fantasmágorica, quizá de viuda frustada, o de princesa enterrada bajo promesas de amor eterno.

Pero ¿quién ha comenzado esta mascarada?

36

Vivir con los ojos cerrados no es más fácil.
Soñabas con despojarte de cualquier materialismo que pudiera colarse entre tus sentidos, cualquier distracción que contaminara tu mirada, pero ni siquiera los sentimientos que deberían desbocarse en tu interior cuando cerraras los ojos serían naturales. Ni te transportarías a mundos paralelos, ni seguirías un instinto, que ya se quedó perfectamente taponado hace tiempo. Nos hemos acostumbrado a pisar suelo y a desplegar unas alas ficticias que apenas gozan de la capacidad sensorial de nuestra piel. Injertos. Estamos desmembrados. Siento y no es más que una interpretación ya preparada, que se desencadena a través del sistema de automatismos que se configuran en mi mente. Así, valoro, actúo y ejecuto como acostumbro, con la razón, o lo que llaman razón entumecida, distorsionada. Los mismos límites que se establecieron para evitar la guerra de todos contra todos ahora son los que nos encierran. Pero es que, Paloma, no queremos vivir como animales, queremos una vida digna, un respeto por los derechos, una defensa sólida hacia la libertad del individuo. Queremos convivir. Me cansé de la ficción y quiero, ahora, volver a la realidad. Y con un suave toque de varita, despertar.

Ánforas por deshilachar


Hablaba hoy conmigo misma. Reflexionaba sobre las palabras, alma cándida, y lo fácil que supone articularlas. O no.
Cuando pienso en "sabiduría" y en mi mente visualizo a una bella Penélope, con rostro cauto y semblante decidido, que deja caer, como quien posa para la eternidad, el agua que todo lo cura, el agua que todo lo arrastra, del cuello de un ánfora milenaria. Los pliegues de una túnica azulada que evocan al sonido del mar, una larga y cuidada melena que simula las olas de un mar embravecido y unos párpados ligeramente cerrados, que buscan la trayectoria del agua que cae describiendo una curva perfecta, sobre la tierra. Con los pies descalzos, un gesto sereno y todo el tiempo del mundo, mi Penélope personalizada vierte toda su sabiduría con una elegancia impoluta, haciendo uso de esa mágica e hipnótica pose griega que inspira admiración sólo con mirarla y deseo, de permanecer entre pergaminos interminables, conversaciones elocuentes y guerras sanguinarias. Y es que cuando pienso en la palabra sabiduría y su portador, siempre se esboza ligeramente esa imagen en mi cabeza. Metafóricamente hablando, por supuesto.

Términos que parecen tan absolutos y perfectos, apenas volubles, apenas vulnerables, como el amor, la tristeza, el odio, la angustia, la tenacidad, la belleza, el miedo, la melancolía y otros que brotan de largos poemas, se me antojaron, hoy, totalmente inermes.Quise extraerlos, sentarme y tomarme mi tiempo, sí, repetiré, tomarme mi tiempo para poder desglosarlos. Me pregunté, entonces, si lo que yo llamaba amor, lo era para los demás. Si incluso lo era para mí, y no era producto de una mala articulación. ¿Merecen llamarse así? ¿Interpreto correctamente lo que siento? Espera, ¿sé interpretar?¿sé qué es lo que siento?



Balbuceé, en mi interior, un "dios mío". Y continué andando, esta mañana, perdida entre turbios pensamientos. No, otra vez lo mismo, miedo. Abrí la puerta del qué puede ser, qué fue y que será y ahora no encuentro el modo de cerrarla. Todavía lo rumio y sigo sin encontrar respuesta. ¿Qué dices que sientes? ¿Por qué afirmo con tanta facilidad que yo también? ¿De verdad te entiendo?¿Debería?
Se abrió el abanico del pasado y una ligera brisa azotó mi memoria. El ejemplo clásico de los colores. Digo yo, decimos todos, que las fresas son rojas, pero apenas sabemos calificar los colores, que no existen adjetivos objetivos para hacerlo (aunque los adjetivos nunca puedan ser estricamente objetivos, pero eso dejémoslo para otro día) y acabas comparándolo con otros objetos que brillan igual, describiendo largas cadenas de cosas. Pero, obviamente, para ti compartirán el mismo color porque eso sí es algo fehaciente, pero quién dice qué color es cuál. Y si donde tú ves azul para mí es verde, y si donde yo veo rojo, como el carmín, tú también lo acuñarás rojo, cuando quizá sea mi naranja.

Así, así, Penélope encuentra un nudo casi imposible de deshacer en la madeja. Y trata de deshacerlo, de destruir, para crear de nuevo, pero al igual que yo, sólo encuentra trozos deshilachados. Desería saber, sin poder denifir con precisión qué quería decir aquello, pero desearía vislumbrar qué se esconde detrás de esta maraña de contratiempos, grietas y moldes que se van puliendo y cambian de forma con el paso de miles de años, o tan sólo en cuestión de segundos. Quería entender, comprender, y no sentirse inmersa en noches interminables que se enmascaran en suaves choques de varas y más de una vez se vio tentada a hacerse con una de esas máquinas que consiguen perfilar y coser, con mucha más eficacia y con menor esfuerzo, su destino, sus pensamientos, su tiempo, su vida. Pero renegó de aparatos, que ya se sabe que los carga el diablo, para entregarse de nuevo al roce de sus manos, que se entrecruzan segundo tras segundo, minuto tras minuto, noche tras noche, y que paulatinamente se van deteriorando. Como yo, que busco una distracción que consiga evadirme mientras mis manos se van entrelazando, de manera invisible, segundo tras segundo, minuto tras minuto, noche tras noche, para poder tejer mi destino, mis pensamientos, mi tiempo, mi vida, para poder tejerme a mí misma.

Insomnia

Cansada, habiendo rozado los límites de la exageración, devastada, exhausta y con cierto aspecto fantasmagórico, se decidió a enterrar de una vez por todas los prejuicios, las evasiones permanentes, los bostezos irreverentes y las ensoñaciones profundas. Buscó con su mano curiosa un psicotrópico con el que maquillarse los párpados, sombras azules hipnóticas inundaron su rostro y sintió latir al dragón que se escondía bajo sus escamas. Garabateó, con pereza, un intento de "caos"en un papel, para más tarde retorcerlo y verlo caer en la papelera. Quiso recurrir a los orígenes y mirarse ante el espejo para que la mujer que siempre quiso ser le devolviera la mirada, coqueta. Pero entre parpadeo y parpadeo no encontró ni mariposas del olvido, ni recuerdos entrelazados, ni sonrisas ladeadas. Se pasó la lengua por los dientes y se inclinó ligeramente para terminar el ritual. Deslizó el lápiz de ojos hasta perfilar su contorno, se mordió los labios una última vez.

Y se entregó al poder de la noche, a sus sombras, a la alevosía, a un devenir bastante predecible, pero al carácter perfectible del momento, y hundió sus finos tacones en la alfombra que le conducía a una experiencia posiblemente superflua, vacua o quién sabía, quizá gloriosa, demoledora e increíblemente deliciosa. Ella no lo sabía pero tampoco quería saberlo. Abrió el bolso con un suspiro para hacerse con el perfume que le arrastraría a horas llenas de susurros, frases inconexas y atrevimientos. Pasó uno de sus finos dedos por sus labios, tatuando en ellos una invitación, que, rechazada o no, esperaba el momento idóneo para materializarse, entre humo y chispas, para dejar la chistera vacía.

Idilios íntimos


Detrás de la puerta no hay nadie. Él se acerca sigilosamente y pega su oreja a la madera. No se oye ni un alma, que diría mamá y aún así desliza su mano por la plancha, para encontrarse con las asperezas, los relieves imprevistos y los recuerdos que quedaron sellados. Cierra los ojos, para transportarse lejos, lejos de casi todo, y se humedece los labios, concentrado. Miel, piensa. Suavemente las yemas de sus dedos comienzas a dibujar figuras en las arenas movedizas. Miel. Y sus dedos se sumergen en un líquido viscoso lentamente. Dorada, la miel es dorada. Pasa la lengua por sus dientes y ahí está, empalagosa, densa y dulce, muy muy dulce, demasiado, porque sus dientes comienzan a temblar. Intenta hablar, pero decide barnizar la puerta con su lengua y sus papilas gustativas se contraen, se resienten al entrar en contacto con la insípida y roída madera. A la mierda, él se pierde entre sus sentidos. Y cuando vuelve a encontrarse con su paladar, cierra los ojos para evocar las olas del mar, los momentos que quedaron resguardados a la sombra, e incluso el olor, el frágil aroma de los días que quedaron estancados en un álbum, en la sonrisa ladeada de mamá, la delicada caricia de la espuma que destruye los primeros castillos que se atrevió a erigir. Por ti, pequeña, por ti. Se atreve a sonreír, todavía detrás de la puerta, y a reír porque se acuerda de tus palabras, tus réplicas y tus otros reproches. Piensa que eres única y deja que su dedo índice se pierda entre las líneas que atraviesan la superficie de la madera, pero no se contenta con el recuerdo, no lo hace, abre la puerta.


9 dice:

¿Estás?



La modernidad y otras cursilerías


Echo de menos un martillazo directo sobre mi cabeza que provoque un estallido, la erupción de un dolor profundo y que se vierta la lava, que me abrase la piel, que se derrame por mis brazos y se enrosque entre mis dedos.

Y poco a poco, estremecerme, sentir el calor, el ardor de los escalofríos, las lágrimas de impotencia, adentrarme en el silencio por un segundo, y volver a notar el latido de un corazón desbocado, patalear con fuerza , break on through to the other side.
Everybody loves my baby
Everybody loves my baby.)

Que vengan, que vengan que los estoy esperando.

Bandera negra

Tú no eres apolítica o agnóstica, tú lo que eres es subnormal.

Estoy bastante cansada de las medias tintas, del sí pero no, del hoy quiero y del mañana querré pero no podré y de otras tonterías. Yo también soy indecisa y pienso en las consecuencias, y sopeso los pros y contras, sólo que no tengo la pizarrita molona de House para demostrarle al mundo que de vez en cuando destripo teorías universales. No, como mucho, con un seis y un cuatro haría la cara de tu retrato.

No hace falta sentarse en una mesa alargada donde bajo tu busto y tus manos entrelazadas haya un cartelito amarillo que indique tu nombre. Ni llevar gafas, ni coleccionar libros antiguos, ni admirar el arte del cinquecento. Ni llevar una pluma en el bolsillo de la americana, un pañuelo con tus iniciales o el fondo de pantalla de tu viaje a Nueva Delhi. Estoy hasta las narices de repetir que no hace falta llevar gafas de nerd, ni ser rematadamente feo, ni ser tremendamente guapo, para tener alguna que otra inquietud. O al menos, para fabricártela.
Es que parece que el exuberante mundo de los pensamientos sólo esté reservado para los más capacitados, aquellos con el cráneo kilométrico o con el ego elefantiásico. Y son, en ocasiones, aquellos que más dicen pensar, que más debaten o meten cizaña, los que menos activan su aparato moldea-y-jerarquiza-tus-ideas, son los que tienen un poster de Reservoir Dogs (ejem), los que leen Hesse en el metro (ejem), o los que fardan por considerar que las pinturas negras de Goya son una delicia a los que se les ha otorgado el legado de la filosofía actual. Hermanos, caminad con aires de superioridad, pues a vosotros se os ha concedido el don de la reflexión y sólo seréis los miembros de vuestra estirpe los capaces, los hábiles, los que verán más allá del reflejo de su figura en el espejo y no le preguntarán, ambiciosos, por la belleza universal, sino por la verdad absoluta. Sólo aquellos que descansan en un parque, al solecito de un banco, con las piernas cruzadas y viendo a la gente pasar serán los elegidos.
Bueno, creo que el mensaje está claro, paso de recrearme más. Y es que todo el mundo puede tener ideas, unos más complejos que otras, también porque unos se preocupan en estimular su creatividad e imaginación, otros aseguran hacerlo, y ya ves a la rubia de pelo erizado delirar mientras espera al autobús. Si es que hay días en los que nos dan arrebatos de lucidez y no somos capaces de valorarlo. Eh, PENSAMOS. Eh, REFLEXIONAMOS.
Y no te creas que lo que diga yo sea cierto, sólo porque entrelazo mis dedos, ni aquel sabiondo que asegura haberse leído la obra entera de George Orwell, ni el palurdo ese de gafas que te mira con aires de condescendencia. Abajo los burgueses de pensamiento.
No pasa nada si pecas de ser un soberbio imbécil, al menos, te atreves a interesarte y no te quedas de brazos cruzados. Escucha, aprende y medita. Poco a poco se irá abriendo ante ti un mundo totalmente nuevo de ambigüedades que te traerá más de un quebradero de cabeza. Y ahí que me quedo yo, placer absoluto. Pero por dios y por la virgen, no te encojas de hombros, no pases del asunto ni asegures que te importa una mierda, al menos, en realidad. Yo también digo que no me interesa algo y voy corriendo a ver de qué estaban hablando porque me sentía estúpida sin poder opinar. No está de más descubrir que eres una completa imbécil, pero al menos, no te quedes estancado en la conformidad. Evoluciona, agnóstico de mierda.

Me gusta que estemos solos


(Se abre la puerta de la habitación y él asoma su cabecita)


- ¿Puedo pasar?
- Sí, claro. Sabes que puedes.

(Ella mira con una sonrisa cómo él se desliza hacia el borde de la cama, inquieto)

- Cuéntame, anda, sé que algo te preocupa.
- Maldita sea, me conoces demasiado bien.

(Ella se despereza, cierra el libro que descansaba sobre su regazo y lo deja en la mesita de noche)

- ¿Y bien? Tampoco es muy difícil, sólo entras en mi habitación para dos cosas. Y Natalia ya te dio una alegría anoche.

(Él la mira incómodo, ella deja caer una risita)

- Serás becerrín, ven, acércate, alma de cántaro, que todavía no muerdo.

(Él se acerca y se pasa una mano por el pelo, preocupado).

- Últimamente no estoy inspirado.
- ¿Te has cansado de tu musa?
- Creo que la despedí improcedentemente y me ha denunciado.
- Por qué no me extraña, baby. Pero bueno, todo es saber encontrarla.
- No creo que sea posible.
- ¿Así sín más?¿Ya está?¿Te rindes?

(Ella cruza los brazos)

- No, pero no es fácil inspirarse cuando sientes que lo que escribes está vacío.
- ¿Vacío?
- Así es, me he vuelto un dogmático.
- ¿Y eso es malo?
- Como puedes ver, lo es.
- Quizá te estés equivocando con las palabras.
- ¿Con las palabras?
- Sí.

(Él espera en silencio)

- Sí, no sé. Si cuando te lees no te sientes dentro, es porque quizá no emplees las palabras adecuadas. Al final, todo encaja.
- Quizás sea eso, no es tan fácil sacar al exterior los sentimientos.
- Yo no dije que lo fuera. Y ya sabes que me alegro de que tan de vez en cuando te asomes y me dejes ver algo de lo que tienes dentro.

(Él sonríe).

- Pero, ¿ a quién le importa lo que sienta alguien?
- A ti, por ejemplo.
- Pero eso no da de comer.
- ¿Para qué lees tú?

Eterna parálisis


Salgo al patio y alzo la cabeza, para dejar que los rayos de sol bañen mis párpados cerrados.Respiro y de lejos oigo la suave brisa, las hojas meciéndose con el compás de un viento que más bien parece haberse escapado de la caja del estío y también, a los coches pasar y a la gente caminar. Ahí es cuando trago saliva y me digo a mí misma que no tardaré en derretirme, al menos, en la sensación, porque preferiría permanecer muda aunque tan solo fuera unos minutos más, con una sonrisa medio esbozada, conteniendo el aliento.

Y pienso que ya no me queda matería onírica para evadirme, que un día me dormiré y mi subconsciente no tendrá lugar donde desembocar. Qué será de mí, le pregunto al sol. Pero no encuentro respuesta que camufle mi interrogante, y no me sorprendo.Todo fluye y ni siquiera yo soy una constante.

Ensayo sobre mi ceguera

Paloma se frota las manos.Y es que no es para menos, se prepara para disparar. Atentos, preparados, listos, ya.
Te propongo un juego muy sencillo. Para que veas que soy generosa, me salto la parte de "coge un lápiz y un papel y apunta..." porque sé que no lo vas a hacer. Piensa, pues (aquí no se trata de hacer trampa o no porque no te podrías mentir a ti mismo, por esa misma razón lo de anotarlo es totalmente prescindible) cuál es el filósofo que más te gusta.Si quieres cambiarlo, me sirve con un, ¿si fueras un filósofo, cuál crees que serías?¿Con cuál te sientes más identificado?Parecen preguntas distintas, pero desembocan en el mismo océano. ¿Lo tienes? Empecemos, pues.


Tomaré como punto de partida una reflexión bastante interesante, ¿quién dictamina quién es y quién no es filósofo?¿Quién te acredita para que puedas colocar en el apartado de intereses varios de tu currículum aquello de "reflexionar vagamente" (eso si eres algo más modesto y bohemio) o "filosofar" (si odias lo artificioso y prefieres lanzar la bomba)? A mí, personalmente, me ha pasado aquello de intentar buscar un nombre de alguien que yo suponía que era un filósofo "acreditado", buscarlo en la wiki y encontrarme con que es economista, sociólogo y músico en sus ratos tristes y libres, pero de filósofo ni el aroma.¿Entonces me he inventado yo que X era filósofo, un gran pensador?Juraría que no. Qué relativo es el mundo que nos rodea y con qué facilidad dejamos caer las palabras.
Bueno, después de dejar esta reflexión aquí impresa, vamos a comprobar cuál ha sido tu resultado. Vale, espera, no me lo digas aún. Hay un 90 % de probabilidades de que tu respuesta se encuentre enmarcada entre: Rousseau, Nietzsche, Platón y Sócrates. Si eres un poquito más original puedes haber dicho Descartes, pero algo me dice que no es lo has escrito en nuestro papel imaginario.Quitando el 10 por ciento que supone el margen de error de mi curioso "ajajá-te-pillé", he mencionado a los autores más famosos o que más se conoce como filósofos "acreditados". Personalmente, antes de empezar a destripar todo este disparate, diré que yo no soy una experta en la materia, ni mucho menos, y que por eso mismo me permito analizar mi propia respuesta y elaborar una conclusión, cruel conmigo misma, pero sigue siendo válida.Yo me pregunto, ¿qué demonios tendrá Nietzsche que a todos nos atrae?Supongo que la respuesta, en muchos casos, será un simplón "su filosofía", a lo que yo asiento, poco sorprendida.Pecarás de obvio, pero como todo el mundo hacemos, tranquilo. Voy mucho más allá de todo el análisis confeccionado por nuestro amigo bigotudo que no me dispongo a plasmar, (más que nada porque cojearé y se me verá la pluma, vaya) para destentrañar qué conlleva ese F. Nietzsche que a todos nos hace sentir un escalofrío. Será por su contexto, he pensado hoy, por su fama de romper con aquello que se consolidó en nuestra amada Europa (aquí es donde unos dirían "reveló cuál era la verdadera situación de nuestro continente", pero yo no pienso hacerlo)durante tanto tiempo, el dichoso hombre moderno, apolíneo, que se refugia en metáforas y conceptos abstractos para evadirse de la realidad.Ahora que lees esto, le ves el atractivo, como lo veo yo y como, muy probablemente, lo hará mi vecino también.Recuerdo como si fuera ayer a mi profesor de Filosofía de 2º de bachillerato haciendo la introducción de este autor, después de haber pasado un Rousseau que resultaba un tanto empalagoso y difícil de digerir. Sonrió y se frotó las manos (de ahí mi principio) refiriéndose a él como "un veneno, es una enfermedad" y de la controversia que ha generado en el claustro de los profesores de filosofía sobre si se ha de estudiar o no (mencionó cómo se hizo la votación para elegir qué filósofos son los más adecuados para estudiar durante el curso y para los que después tendrás que examinarte en el adorable selectivo). Sin embargo, él se había decidido a dar el autor aunque muchos colegios preferían Marx, o al menos, eso afirmaba, con una mano sobre su manual. Luego se perdía un poco en el vacío, recuperándose de la exaltación, y volvía a sumergirse en su tono taciturno y monótono, como si estuviera medio adormilado, mientras interrumpía, tan de vez en cuando para aclarar algunas dudas sobre el texto. O simplemente para mencionar cómo había muerto de sífilis ("era un putero"). Pasabas el libro con rapidez (como leía Sabrina, jamás se me olvidará ese detalle) y tu mirada se posaba sobre "superhombre", "nihilismo","ejército de metáforas","verdad","inmanencia","columbario", "bellum omnium contra omnes"... Y así, así te perdías entre palabras que por aquel entonces se te antojaban nuevas pero un tanto pomposas (ahora me dirás que la primera vez que leíste superhombre no te reíste, ya, claro). Yo al menos cuento con este factor que aumentó mi curiosidad de manera exagerada, ¿ a qué venía esta presentación?¿aquellas palabras de "sólo podéis amarlo u odiarlo"?¿Qué había descubierto este hombre, después de que un pirado hablase del mundo de las sombras, otro sobre las tautologías, las impresiones y las ideas, para acabar durmiendo entre la inmediatez, los sentimientos del corazón y el maldito vicario saboyano?¿Qué iba a ser esta vez?
Daré un salto porque creo que se me ha ido un poco de las manos, no quería hablar sobre lo que dice el bigotudo y ahora estoy aquí.Pero bueno, qué diantres, me sirve para reafirmarme. De este modo, cuando la contestación es Nietzsche, la otra persona sonríe, y mucho.Es como si fuera la llave que abre la puerta del mundo interior, y he encontrado, sí, lo he hecho, su equivalente (iba a decir homólogo, pero no me sirve, no maltratemos a las palabras, no hoy, al menos) en el mundo del cine. Adivina quién. Sí, eso es, Stanley Kubrick.


Abriré, no sin cerrar los ojos, la herida que a todos nos tiene conteniendo el aliento. ¿Por qué somos mejores si colocamos una película de Kubrick entre nuestros filmes favoritos?¿Por qué si decimos Nietzsche parece que estemos dándole la contraseña al cómplice y sea el paso definitivo para conquistarlo?Me incluyo. A todos nos gustaría colarnos en esa secta que la conforman las personas que ahora tendrían unos 20 picos, toca la generación del club de la lucha, Tarantino, Kubrick, Schopenhauer, Hesse,Extremoduro, Olvídate de mí, American Beauty y otros proverbios chinos.¿A que más de uno de los mencionados te gusta?Párate a pensar en la connotación que llevan cada uno de ellos y date cuenta de cómo si una persona se te acerca en una discoteca y te suelta algo así como "Dios, (en bajito: mi cubata) ha muerto" te excitas en cuestión de segundos. Tú y yo lo sabemos y la humanidad entera, siento decírtelo, también lo hace. Tu alma buscaría entrelazarse con la suya y fundirse en un mundo intemporal de libros roídos y críticas a esta sociedad de mierda.Y en ese preciso instante, salgo yo dando botes por detrás, sosteniendo un cartel que reza " ¿POR QUÉ?".
Aún después de decirte todo esto y de pedirte que no te estanques en los adornos y toda la pafernalia, la polémica y demás historias para no dormir que rodean a los títulos y personas ya mencionados, sé que no lo harás, porque es inevitable.Pero yo he dejado la puerta abierta, y tan de vez en cuando, oigo cómo por el resquicio se asoma un nuevo autor, una nueva crítica, una nueva reinterpretación. Adelante, le digo. Otras le espeto un "lárgate".Nadie es perfecto, y yo no iba a ser menos. Aunque supongo que todo lo que ya he dicho antes lo sabías, lo habías reflexionado en algún momento de tu alocada vida y ahora te encogerás de hombros, esperando a que me calle de una maldita vez, consideraba que era curioso parar a pensar, antes de tener siempre a Nietzsche en la punta de la lengua. Parece que esté ya metido en el cañón para salir al menor estímulo, y un día lo escupirás con tan poca naturalidad que causarás, cuanto menos, estupor. ¿Parecerás soberbio? Quién sabe. Es tan fácil pecar.Es tan fácil impresionar a algunas personas con humo, y tan cómodo hablar para acabar escupiendo chatarra.
Pobre Fry, hoy le he visto menos encanto que de costumbre. Aunque estáte tranquilo, que la próxima vez que me lo mencionen volveré a fundirme, como de costumbre.

Who says

Se me escapan las palabras, se me escapan, me decías, se me escapan pero no soy incapaz de domesticarlas y allá van, en el aire se moldean y te ladran todo lo que yo vine a decirte pero no pude, pero no pude, repetías.
Yo tenía sueño, demasiado, y sólo quería irme a casa. Pero tú, tú estabas descontrolado y rebuscabas por el suelo como si las oportunidades cayesen del cielo y permanecieran bajo nuestros pies para que los recogieras. Como setas, reías, entre lágrimas, debo de estar loco, confesaste.
Yo te sonreía, demasiado, y sólo quería irme a casa. Meterme en la cama y despertar mañana con los momentos convertidos en recuerdos, correctamente embalados y colocados en la estantería del 12-03-2010. No obstante, insistías y decías que querías formar parte de mí, no sé qué de mi destino y que el amor desenfrenado nos conduciría a ti y a mí a la felicidad.


Yo lloraba, demasiado, porque eras adorable. Y aunque me moría de ganas por irme a casa, me estabas enamorando con cada idiotez que ibas diciendo. Te pasa algo, me preguntabas, y rápidamente el viento se llevó la sonrisa para dejar atrás una mueca preocupada. Y te abracé, porque no quería oír nada de aquello anoche, sabía que bromeabas, que quizás mañana ni te acordarás de cómo ordenaste las palabras, ni de lo que me querías decir y no dijiste, o de lo que sí dijiste pero no querías decir.
Se me escapan las palabras, te confieso yo ahora, se me escapan.

Kurniawan

Nightmares heal later
There we go, sweetie.

Over


Aprendí, tal vez tarde, tal vez pronto, que la vida no está llena de personajes enmascarados y de ángeles inmaculados.Que dentro de las sombras, todos somos extraños y que entre tú y yo hay, a la vez, la nada y el todo.Y es que por mucho que te vea siempre existirá un barrera que me impida acercarme y abrazarte, o simplemente rozarte el brazo para animarte. No hablo de impedimentos físicos, como ya sabrás, me refiero a la burbuja mental que nos hace distintos, a pesar de que tenga las lentes ajustadas, sigo viéndote como un otro.
Se me olvida, no obstante, que es la misma luz del mismo Sol la que ilumina nuestras cabezas, y veo un muro, un sólido muro que se edifica entre tu cuerpo y el mío.Somos débiles para traspasarlo porque fuimos ingenuos al construirlo. Ahora que te veo distinto, tengo miedo a entrar en contacto contigo y que me absorbas, que me niegues mi realidad o me transformes.Porque poco a poco fui creciendo y me enseñaron qué es el bien y qué es el mal, o al menos, me dijeron que lo hicieron. Me cogieron la mano y me obligaron a palpar la esencia del "esto no se hace, esto no se dice" y como buena chica, lo asumí.


Son sólo quimeras, me digo ahora mientras estás ahí. Es el humo el que no me deja verte, ni sentirte, soy yo la que se empeña en decir que no te alcanzo y sé que tú, que mucho hablas del amor y de que estas cosas no te van pero que siempre acabas cayendo en el juego, me darás la razón cuando leas esto. Lo sé porque te sentirás inevitablemente identificado. Ahora que lo pienso, tal vez no.A lo mejor no me expresé bien y no tienes ni puñetera idea de lo que te estoy hablando.

V V V


Como en la última película de Woody Allen donde el protagonista manifestaba una aversión por los tópicos, yo también he torcido el gesto más de una vez cuando me decían algo que encajaba con los esteoreotipos, opiniones que en su momento osé calificar como superfluas, y estoy convencida de que esta actitud habrá irritado a más de una persona.


Porque un ejemplo claro pasó el otro día, cuando me hablaban de la Sombra del viento mis amigas y me decían que era un libro precioso y que les gustaba. Yo me metí los dedos en la boca y al segundo las miré, burlona, arrugando la nariz. Así que seguimos caminando hacia la mascletà, se pusieron las tres a conversar sobre el final, se escapó un "las segundas partes nunca fueron buenas" y otras pinceladas que no me interesaban en absoluto. Anduve y mientras recordaba la de veces que lo he hecho cuando me mencionan ese dichoso libro y me asqueé un poco al pensar que puedo llegar a ser bastante repelente. No se ofendieron, ni mucho menos, porque me conocen y saben que lo hago de broma, que lo pienso pero que de vez en cuando dejo escapar mi opinión entre sonrisas y lo suavizo. Pero pensé en los prejuicios y los estereotipos,en las primeras y segundas oportunidades que no concedo cada día, las borrosas impresiones que genero en cualquier momento sobre los demás, y todo ese cúmulo de percepciones que carecen de valor. De este modo, volví de nuevo al ámbito de los tópicos y apreté los dientes, mira que da rabia cuando alguien deja suelta una de esas malditas frases cargadas de adoctrinamiento rápido y eficiente. Sí, lo he dicho, son útiles y ayudan a recordar que lo que casi siempre sucede es muy probable que vuelva a ocurrir. Ya sabes, más vale prevenir que curar, quién avisa no es traidor y cuando el río suena agua lleva, cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar.Así hasta el infinito y mira que me irrita, al menos lo hacía, era momento "pataleta", ¿por qué tienen razón? El hecho es que nos cuesta aceptar a veces que, a pesar de que todo es muy ambiguo y volátil, también hay constantes que ayudan a reforzar la idea de la existencia de unos pilares que sustentan todo lo demás. Porque la hiedra necesita un soporte por el que deslizarse caprichosamente, aunque luego se tuerza hacia un lado o hacia el otro, como le venga en gana. Así que hay que aceptar que la probabilidad juega un papel muy importante a la hora de jugárselo todo o de plantarse, el as todavía permanece en la baraja. Descártate, utilízalo a tu favor, cree, inventa hipótesis, teoriza.Pero siempre habrá cartas ocultas, sean las que sean, bocabajo están despositadas y con una suave caricia, saldrán a la luz, como las coincidencias, o para ser menos empalagosos, como los hechos y los sucesos, los holas y los te quieros.Tuve que cambiar de postura, a la fuerza, porque el tiempo pone a cada uno en su lugar, así que refunfuñé un "es cierto, vaaale, lo reconozco, funcionan".
También es importante señalar que dentro de los refranes y dichos populares hay algunos que ayudan a guiar, otros que sirven para consolar y los que, en resumidas cuentas, parece que sirvan para escarmentarte (¿más todavía?). Son como acordeones de papel que se despliegan delante de tus narices, y que, con una voz un tanto familiar, sentencian.Así que les pillé el punto, y decidí utilizarlos, a veces incluso confieso que digo demasiados, pero son tan útiles, tan odiosamente oportunos que por qué no enseñarles a los demás los fósiles que quedaron de la sabiduría de viejos tiempos. Antaño, suspiraba.Recuperar la brevedad y la precisión, dejarse de frases largas e inconexas, barrocas y voluptuosas, que al volcarlas apenas caen resquicios de susurros sobre la palma de tu mano. Y lo más gracioso es que lo digo yo, que me encanta enredarme en tu pelo, recordar el exquisito aroma de la lluvia al caer sobre tus sueños.
Quizá lo mejor sea saber cuándo escatimar y cuándo florecer.

En la brevedad del yo


Dejé de rezar hace tanto, me decía, que ya no tengo a quién echarle la culpa.
Yo lo miraba expectante, ávida de conocimiento, necesitaba que me diera una sólida razón, un sentido al que aferrarme para que entre mis lamentos pueda vislumbrar de una vez por todas un recuerdo que convierta en sonrisas los malos momentos, en destello el amargo sabor que se instala en mi paladar cada vez que pienso en ti.
Era un verdadero placer conversar con él porque sabía en muchos de los casos de lo que hablaba y eso me tranquilizaba, ¿a quién no?. Llovía afuera y las gotas se deslizaban por el cristal, así que cuando giraba la cabeza para evadirme y poder resguardarme bajo sus palabras, para poder saborearlas entre el aroma del café con leche que tanto me agradaba, sólo me encontraba con una realidad distorsionada.

-¿ Y tu paseo con tu padre, qué tal?.

Asentí, volví a mirarlo.

-Muy reconfortante.Mucho, en un principio puede ser un verdadero coñazo porque te cuenta las batallitas que pides y las que parece que se escondan detrás de cada maldito adoquín de la calzada. Ya le conoces, le encanta deshilar la madeja hasta el final.

Lo miré para ver si prestaba anteción y allí estaba, llevándose la taza a los labios y sonriéndome. Era un verdadero placer estar a su lado.

- Lo que decía, vaya - se me escapó una sonrisa- se enreda y se desenreda, le encanta hacer guía turística por lo que fue el pueblo de su infancia. Ya sabes, " por esta rampa me caí", "aquí es donde jugaba yo con la pelota", "vivía la tía Avelina en esta casa pero se tuvo que mudar porque era la más vieja de todas".Pero aunque reconozco que desconecto con mucha frecuencia porque me pierdo entre las conexiones y en mi imaginación se dibuja como una - hice un gesto en el aire, pintando con la yema de mi dedo un rectángulo - como una puerta que conduce a un terreno mucho más, bueno, sí, interesante, por así decirlo, pues, lo que te decía, a pesar de eso me encanta saber que le ilusiona contarme estas cosas.

-Entiendo- repuso-, sólo con que le acompañes se siente feliz.

-Exacto- asentí, enérgica- es increíble cómo se le ilumina el rostro cuando le pregunto si va a ir a pasear al pueblo. Cuando salimos de casa siempre se mete conmigo y con mi "trote cochinero", se burla un poco y en seguida sonríe. Y no es como esta mueca que se me dibuja cuando algo me hace gracia, es pura ternura, es para deshacerse, abrazarlo y decirle 500 veces seguidas te quiero.

- Ya, ya. Sé a qué te refieres.

En este punto de la conversación, si hablara con otra persona, no le habría creído. No es tan fácil de entender, no es tan fácil de visualizar. Pero siendo quien era, no podía cuestionarlo, lo sabía perfectamente, él, dueño de las palabras.

-¿Y alguna vez le has dicho lo mucho que te gusta estar con él? ¿Aunque solo sean paseos esporádicos? Encontrar un ratito en el que poder tener conversaciones con tu padre, como en la película.

-Sí, sí - reí-, yo también pensé en la película, es total. Pero claro, claro que lo hago, cada día discutimos sobre algo, la semana pasada el tema fue el coche, cómo calé la maldita chatarra mil veces y la diferencia entre cambio de sentido y cambio de dirección.
Levantó las cejas, sabe que me encanta bromear.

- Pero- continué -, por ejemplo, hoy tocaba hablar sobre las palabras que utilizo como insulto, véase becerro, cazurro y otros fósiles.Y esa conversación que podía haber durado cinco segundos, se dilató hasta llegar a la hora y nos recreamos en anécdotas y otras tonterías, se atrevió incluso a hacer alguno de esos chistes que me sacan de quicio, o mencionó batallitas de su infancia relacionadas con el léxico. Era, no mágico, pero sí precioso. Como una conexión - y encerré entre mis dedos una bola invisible- que lograba unirnos a los dos con fuerza.Adoro estos paseos, con ellos puedo demostrarle lo mucho que le quiero.
Hablé tanto que tuve que humedecerme los labios y darle un buen trago al café. Me fijé en el paraguas amarillo de la chica pelirroja que se refugiaba bajo el toldo. Era monísima.

- No vamos a hablar de lo de siempre porque sé que estás cansada.

Oí cómo se había puesto serio, su tono era diferente y parecía que sus palabras estuvieran hechas de fuego, con sus destellos rojizos que se enroscaban en el aire y dejaban una nube de cenizas tras su paso. No quise mirarlo, maldito dragón, cómo me conoce.

-Pero ambos sabemos que tarde o temprano vendrás, llorando.Querrás que te escuche y sabes que lo haré encantado. No lo sabes, lo sientes, lo visualizas perfectamente, aunque hagas como que no me escuchas.

Apretaba los labios y la miraba, a ella, a la joven que llamaba desesperada por su teléfono móvil. Quise estar al otro lado, quise irme con ella de compras, deseé que me invitara al cine, que tuviéramos cualquier conversación superficial. Lo que fuera, pero no estar ahí dentro, viendo de soslayo cómo la verdad serpenteaba hacia mí. Oí un ligero suspiro pero supe que era una breve pausa.

-Necesito que te abras y no haré burdas metáforas porque sé que contigo no funcionan. No pienso ilustrarte el significado de nada porque entiendo que siempre nos hemos comprendido a la perfección y sería muy injusto por tu parte que me exigieras un sermón. No lo vas a hacer, así que necesito, y ahora te lo digo completamente en serio, que dejes de hacer como que no me escuchas y me mires.

La chica dio media vuelta, metió el móvil en su bolso y corrió para adentrarse en la ciudad desdibujada.

- Bueno, ya se ha ido.

Seguí sin girarme, porque era incapaz de decir nada.

- Me hago mayor, lo sabes. Pero todavía sigo aquí.

Mierda, se acercaba la conclusión, no quiero oírlo. A continuación habló, pero no lo oí, pude meterme de lleno entre la gente y escapar durante lo que pudo ser, quizá, un minuto, dos tal vez.Sin embargo, un dulce aroma me trajo de vuelta.Y por fin lo dijo, aquello que llevaba latiendo dentro de mí desde hacía tiempo, como Jumanji, lo sentía removerse entre mis arenas, contudente, un estruendo que resonaba dentro de mi propia caverna.
Me cogió dulcemente de la mano, me miró a los ojos, mientras yo temblaba visiblemente porque no podía contenerme, el dolor de sus palabras ya había penetrado en mis venas, con el suave contacto de su caricia ya notaba las lágrimas que empezaban a asomarse tímidamente.

- Pasa página.

Como el día y la noche


Hoy me he despertado envuelta en telerañas de los sueños de anoche. Y es que he ido al baño, me he mirado en el espejo y he intentado hacer un recopilatorio de anoche. Me acordaba de casi todo, pero había lagunas, cosas sin sentido, momentos que se dilataban hasta rozar lo absurdo.No te puedes ni imaginar la rabia que me da tener sueños tan comunes, no aquellos de "un lagarto gigante nos ha casado a Ben y a mí", sino una conversación o una visita inesperada.Me lavo la cara,me quito los restos del maquillaje y sonrío. Resaca bajo cero, no bebí ni de lejos para ir dando eses. Suena en la radio "Oh, oh" y me río, bailoteo como un ganso, "Oh, oh" y es uno de esos momentos en los que te apetece ponerte una toalla en la cabeza, coger un peine y restregarte por el marco de la puerta, en resumidas cuentas,entregarte a tu público devoto que espera tras el cristal. Después de pasarme media hora riendo como si fuera "to ciega, tía, estás lokixima", me he decidido a meterme en la ducha. Y mientras, como casi siempre, pensaba.
Porque anoche cuando llegué a mi deseada cama y me zambullí en mi nórdico, fabriqué rápidamente una ilusión en la que adentrarme para poder entregarme al ejercicio del sueño sin emparanoiarme. Es básicamente lo que hago todas las noches, al meterme en la cama, dibujo una escena curiosa, imagino qué pasaría si tuviera coche, qué haré cuando conduzca, qué habría pasado si te hubiera dicho que no, qué haré estas fallas. Desde las cosas más triviales a las más trascendentales como puede ser "si mañana me quedo a comer en la uni, de qué me pediré el bocadillo". Y ayer me di cuenta de lo mucho que me gusta ese momento creativo que tengo todas las noches, donde voy encajando las piezas de un puzzle imaginario, me invento intervenciones imposibles, situaciones ilógicas. Hoy, en la ducha concluí que es una buena manera para subir la autoestima, es algo así como la creación no de una realidad paralela en la que sumergirte cuando caminas, sino objetivos, despliegas un poco la imaginación y curioseas, indagas en las oportunidades que rechazaste y en las que aceptaste, cambias la historia y, de repente, ya es por la mañana.Esa misma noche se repite el proceso, y la siguiente, y la de más allá.
Pero también concluí que lo que puede ser una actividad que puede estimularme, darme fuerzas y generar algo de optimismo barato, también puede confundirme. Y es que a veces no sé qué soñé y qué no, y otras prefiero instalarme en esas ilusiones efímeras y no despertar de nuevo para volver a integrarme en lo que es real.
Como todo en esta vida , me repetí, tiene su parte buena y su parte mala.Aún así, casi que prefiero seguir con mis ensoñaciones, mis tonterías que se difuminan en cuanto mi padre aparece para traer malas noticias: Cariño, levántate.

But you never came

Confiar y hacerlo con fuerza. Saber adaptarse a la decisión y ser capaz de decir "hasta aquí". Tomar las riendas de tu vida y ser consciente de que te has equivocado. Algo te impulsa a seguir esperando, a permanecer en el banco mirando con nostalgia los fantasmas del pasado. Te carcomen y eres humano, querrías que esa pasión que sientes se pudiera canalizar de otra manera pero no es así, y me lamento. Porque echo de menos, echo profundamente de menos tantas cosas que me encantaría levantar la vista al cielo, poder cerrar los ojos y suturar las cicatrices. Ser autónoma y dirigirme con seguridad, aplicarme la teoría que ya está escrita en mi cabeza, pero algo, algo me encadena y siento que, de nuevo, soy tantas cosas a medio hacer que me es imposible dar un paso más sin mirar hacia atrás. He querido tantas cosas, me he dejado la piel en tantas otras que quisiera recuperarme o quedarme enteramente instalada en ellas, pero no soy capaz de asumir que por el camino todos perdemos pétalos y crecerán de nuevo.Y es como si estuviera esperando una vieja primavera que consiga iluminarme con más intensidad, y son tantos momentos, tantas historias enrevesadas, que se me escapa una lágrima. Me emociono, soy mayor, me emociono porque estoy encantada de vivir todo cuanto viví y a la vez, me arrepiento de no haberme dejado llevar por mi instinto, haber tenido en ocasiones demasiada razón. ¿Por qué no confié más en el amor?
Tarde, como siempre. Leo esto y me digo "mira que eres cazurra". Me puse melancólica hoy, rodeada de tanta gente, sé que no es tarde todavía. Pero siento como si lo fuera, porque siempre lo ha sido.
Supongo que esto forma parte del equilibrio de la vida. Es tan fácil decirlo.
Estancada, de nuevo, en sueños prolongados.Despiértame.


Chacharachá

Leí en una especie de test, hace bien poco, una pregunta que me hizo mucha gracia. Y es que es inevitable que cuando estás descubriendo las respuestas de tu amigo, conocido, o quién demonios sea el que ha perdido su valioso tiempo dando explicaciones ( o a la mayoría de las veces sólo intenta tomarte el pelo) no te preguntes a ti misma qué habrías contestado. Pues bien, una vez confesado este hecho, me centraré en la susodicha. No recuerdo con mucha precisión ( para variar), pero la esencia de la cuestión era básicamente si te considerabas más bien gracioso y superficial o serio y profundo. Por si a alguien le interesa, el sujeto contestó que cree en un equilibrio, pero que si tuviera que decantarse por uno de los dos el perfil que más encajaría con él sería el de superficial y gracioso. Ejem, ahora me toca a mí.
Paloma va a partir desde sus inicios, quiero decir, desde que tiene consciencia de haber adquirido una personalidad. Vamos, cogeré los primeros retales de lo que empezó a ser la estructura en la que se enroscaría mi hiedra. Al principio, y en un alarde por demostrarle al mundo que yo soy yo y el valor de la individualidad, confié en ser una persona reflexiva, distante y "sensata".Puntualicemos. Esta decisión conduce, fatídicamente aunque se ve venir a leguas, a abrir la puerta con el coche en marcha y tirar de una patada a la modestia. Sí, pero luego también conlleva pisotearla con las ruedas del coche varias veces antes de seguir tu camino. Bien, no hace falta que lo mencione pero lo haré. También implica ser egoísta, soberbia, imprudente,intransigente y otros adjetivos que podrían definir con mucha exactitud lo rematadamente subnormal que fui. Oiga, que hablo de mi caso, ni se lo tome a broma, ni se dé por aludido, venga hombre, hasta ahí podíamos llegar.



En la foto, mi pobre y queridísimo colega Santi atormentado por alguno de mis comentarios ingeniosos. Es una foto fantástica, no puedo estar jartándome más a gusto y él no puede estar pensando con más fuerza que soy lo peor.

Como decía, el principio de la historia cuya conclusión será la respuesta de la maldita pregunta, será el inicio, el génesis (Ummm, lo que daría por poder introducir en mi vida una Carta a los Corintios) del hazmerreír que está escribiendo esto, está edificado sobre arenas movedizas, sentimientos de prepotencia y aires de superioridad infundada. Pues bien, mamá, crecí y crecí, y desplegué mis pétalos para poder disfrutar mejor del calor del sol.
Con el paso del tiempo, cogí un poco de sentido del humor, hallé en la risa un consuelo y una vía para estrechar lazos, así que comencé a esgrimir mis peores chistes para poder relacionarme con el resto de la humanidad. Así fue como aterrizamos a la actualidad, donde más bien soy humo(r) que otra cosa. De este modo, me desprendí de muchas máscaras, muchos gestos de rebeldía y me escudé en lo que absorbí de libros que me fascinaron, de películas que me hipnotizaron y de pensamientos ajenos y personales que me envolvieron. Aquí es cuando las dos manos se cruzan para poner el nudo final al lazo y, voilà, Paloma está lista.
Creo (y eso ya es mucho decir) que conservo parte de las reflexiones que he desarrollado durante este periodo de identificación, en la transformación en una persona y no una fémina hormonada.Lo más curioso es que sigo encontrando muy placentero los dos lados de la acera, así que, aunque haya peligro porque un coche me pueda arrollar, me gusta pasear por la calzada y a ver qué pasa. Cuando la situación lo requiere, cojo aire y me las doy de interesante. Sí, así, entrecerrando los ojos, quizá levantando la cabeza y haciendo como que ordeno mis pensamientos, reestructuro todos mis caóticos archivos y configuro, de una manera muy eficaz, un discurso mínimamente decente. Otras, me delato. Digo dos chistes tontos y me revuelco por el suelo, como si tuviera tres años, muerta de risa, muerta de verdad, con este estridente y horrible sonido que emito cuando el chiste es tan sumamente malo que me hace entrar en pleno éxtasis.Y es así como se puede compartir conmigo una tarde de paseo tranquilo, con un café de leche bien calentito e intercambio ideas, opiniones y alguna que otra frase lapidaria de las que me gusta decir. Sí, cuando piensas, "mèrde, debería haberme mordido la lengua, suena demasiado peliculero" y bajas la cabeza, y te hundes entre el azúcar, remueves enérgicamente el café para crear una espiral a la desesperada que te conduzca a un estado hipnótico y al menos así, consiga evadirte. A veces puedo resultar de lo más empalagosa y repugnante, repelente y gilipollas.
En cambio, cuando me pillas de buen humor, coqueta o, por qué no, tontorrona, dejo escapar alguna sonrisita burlona, me pongo un poco borde, desplego un poco (pero sólo un poco, no vaya a ser que me emocione demasiado y todo el trabajo se vaya al traste) mi ingenio y trato de hacer reír a mi interlocutor.
Es así como creo que sí he encontrado un equilibrio entre las dos caras. Aunque mucho me temo que es verdad que no siempre me toman en serio cuando quiero que lo hagan, pero a veces lo hacen cuando tan sólo intento juguetear.
Con todo esto creo que doy por contestada la cuestión.
Menos mal que tenía baja la autoestima, ¡menos mal!

La complejidad del borrego

Crucé las piernas y respiré hondo. Quise coger una servilleta y escribir todo esto, deslizar el bolígrafo y trasladar mis batallitas, traducirlas y encajarlas para luego poder arrugar el papel y tirarlo a una papelera. Todo esto con un cámara detrás que filme mientras pone una cancioncilla de Álex Ubago y que además, luego configure el vídeo y lo pase a blanco y negro.
Veo la gente pasar y añoro tomarme un café con leche con mis dulces perretas de la uni. Y es que parece que hoy tengo que hacer tiempo hasta que empiece la primera clase así que, después de negarme a coger un periódico, he decidido quedarme mirando a través de la ventana. Sí, a lo videoclip, qué demonios.


Me quito el abrigo aparatosamente (no podría ser de otra manera), lo dejo sobre el respaldo de la silla y la acerco a la mesa, provocando un sonoro estruendo. De todos modos, con el movimiento y el ajetreo de la cafetería nadie se ha percatado así que, pienso, no pasa nada, sigue con lo tuyo. Sigue con tu vida, escribo en la servilleta. Al instante, dibujo un cigarro sobre mis dedos y en mi imaginación me lo acerco a los labios. Desde fuera, permanezco girada perdida entre los pasos apresurados de la gente. Desde dentro, estoy fumando, que no tabaco, que no el tiempo, que no el pasado, que no el futuro. Simplemente, estoy fumando.
Las chicas caminan aceleradas, y sus largos cabellos van ondeando al viento, acompasados, como los bigotes de un dragón chino que se enroscan con el sonido de los tambores. Allá van, en un sentido y en otro, sus bolsos rebotan sobre sus finas piernas, entornan los ojos por el viento, se acicalan con un gesto rápido, a veces torpe, otras muy profesional. Acunan, la gran mayoría de ellas, una carpeta (es curioso, casi siempre es verde) con apuntes, un par de libros gruesos y quizá alguna funda descuidada.
Los chicos, en cambio, caminan más ensimismados, muchos de ellos con grandes cascos que parecen absorberles el cerebro. Y me pregunto, desde el interior de la cafetería, si no les pesarán porque a pesar de lo alcochaditos que puedan estar, parecen dos androides que taladran directamente tus oídos.Pero esto ya es un apunte personal. Por lo general, hablan, gesticulan, sonríen y se tropiezan.
Serán mis hormonas, quién sabe. Pero me inclino porque los chicos, a pesar de que está más que demostrado que andan más en mundos paralelos que en Blasco Ibáñez, están más dispuestos a tener una charla agradable por las mañanas. Así, espontánea, reaccionar ante una coincidencia en la calle, un encontronazo inesperado. Sonrío.
Giro de nuevo la cabeza y seguimos siendo cuatro gatos, aunque sólo se me oye maullar a mí.Piuf, dejo caer un suspirito y coloco el codo sobre la mesa, descanso mi cabeza en la palma de la mano y continúo divagando. Pasan y pasan, autobuses llegan, bicicletas, gente con gorro, gente que sonríe, gente que baja disgustada de algún coche. Suspirito de nuevo.
Entorno los ojos y cae la noche.Vuelvo a abrirlos y vienen dos enormes ilusiones que tiñen de rojo el escenario, el cielo se torna púrpura, y la gente continúa viviendo, avanzando, con sus prisas, con su música, con sus pensamientos desordenados, con sus teorías disparatadas, con sus estructuras mentales férreas, con sus creencias, con sus parejas, con sus recuerdos. Entorno de nuevo. Azul vino y posó su manto sobre los árboles.
Dios, qué llevaba ese maldito café.
Voy a acabar por darle la razón a mis camaradas, estoy degenerando.

Contra tiempo

Sembla que mai morirà.

Hoy volví a encontrarme con el hombre que jamás morirá. En el autobús, fue esta vez. No pude saludarlo, pero lo vi al girarme. A pesar de que me daba la espalda, sabía que era él porque ya nos conocemos y nos hemos saludado varias veces. El hecho de que sea un miembro de familia lejana, lejana y distante hace que me pregunte, ¿heredaré yo esa permanencia en la Tierra?¿Viviré hasta el fin de los días como lo hará él? Ya se verá.
Es curioso, pues su piel delimita con exactitud el contorno de su cráneo y, creo que por este mismo motivo, siempre se colca una gorra azul que le da un aspecto más... juvenil.No encuentro el adjetivo para describir que al pobre hombre un simple complemento le da algo de vida. Porque lo que es su mirada, y su mandíbula no desencajada, pero que se desliza con mucha frecuencia al hablar, denotan que el paso de los años han hecho mella en él. Si me preguntaras la edad, no sabría decirte, así que no lo hagas. A pesar de todo ello, siempre es correcto y me saluda, casi siempre con un gesto de aprobación bastante amable y de vez en cuando, si la ocasión lo requiere, deja caer alguna palabra cordial como un "hola" resquebrajado. Porque todo cuanto sale de su boca, son como cristales ya rotos que vuelven a quebrarse de nuevo cuando intentan volar y planear suavemente por el cielo hasta posarse en los árboles.No obstante, todos sus pájaros están muertos y cuando intentan salir y reproducir una dulce melodía, se lleva la mano a la garganta y trata de no torcer el gesto,porque siente cómo los animalitos se entristecen en su interior.


A mí me da mucha pena, no porque no pueda hablar, no por su mirada triste y vacía, sino porque es un esqueleto que parece estar condenado a divagar por este mundo, como si todavía tuviera una cuenta pendiente con el Ser Superior, que lo vigila desde lo alto. Y cada día, parece que una tecla se vaya rompiendo y el compás se ralentiza, parpadea y respira profundamente, para poder recoger todo el aire posible. Pues busca la esencia de las cosas, dudo que se preocupe por el tiempo puesto que ya debe de tener más que asumido que no le corresponde seguir aquí, pisando tierra, siendo tan cordial y agradable todos los días. Sabe que éste es su nuevo destino y lo afronta, se acomoda en él.
Cada vez que lo veo, es como si algo se debilitara en mi interior, como si pudiera leer en su mirada la infinita tristeza que ha enterrado para poder seguir con vida. Es un niño si su pelota.

Yo me enamoraría de Ace Ventura


¿Y quién no? Es el niño perfecto. Tiene un coche destrozado, siente una pasión desbordante por los animales, su trabajo en sí es absurdo pero le encanta, se dejó los modales olvidados. Me río mucho, viendo la película. El caso es que la echaron el otro día y si tuviera que elegir a un payaso, me quedaría con él y sus caras obtusas. Porque de repente se marca uno de esos giros rápidos y en vez de poner una cara común, asentir, fruncir el ceño, sonreír, se limita a gesticular de manera aparatosa, a convulsionarse o a hacer muecas imposibles. Me recuerda a mi infancia y en mi cabeza reproduzco el famoso "Ace Ventura, detective de mascotasss", con chulería. Sin olvidarse de su tupé antigravitatorio ni de sus andares propios del western. Lo adoro. A él y a sus camisas chillonas hawaianas que se pone en cualquier evento social. Porque es así de absurdo y de intransigente, porque tiene accidentes de coche, lo destroza, acaba con los pantalones rotos y sigue poniendo caras irreverentes.
A mí también me gustaría ir al centro en chándal, con el pelo enmarañado, la cara demacrada y una sonrisa en los labios. Adoraría que lo que digan los demás no me afectara, y tan de vez en cuando darme el capricho de hacer lo que me apeteceria en ese momento. No tener esas limitaciones sociales que hacen que se nos dispare el maldito sentido común, común porque somos como robots programados.
Pensé que más allá de un payaso tonto de mi infancia, sentí nostalgia por el tiempo perdido, por las tonterías que solía hacer y de las que apenas veía consecuencias. Me hago mayor y esas camisas de chirrían, miro de soslayo a aquellos que arman un escándalo en el autobús y me quedo sentada en el banco, esperando.Envejezco mentalmente a una velocidad vertiginosa, olvidándome del placer de la infancia.
Al menos tengo a Ace Ventura que vino a recordarme que nunca es tarde para ser una completa estúpida.

Cosas que pasan

¿No te da miedo contradecirte? A veces tengo tantas cosas en mente que se me escapan de las manos y voy a trompicones, como en el pasillo del instituto, perdiendo los papeles, las ideas y los razonamientos. Sin embargo, el personaje masculino principal no aparece para ayudarme con una sonrisa y dejar su número de teléfono entre mis teorías desordenadas. Algo tenía que cambiar.
Muchas veces callo porque otras tantas he hablado sin pensar. Llego a casa, cuelgo el abrigo, me quedo básicamente empanada y pienso, ¿qué estupidez más grande has dicho? y lo mejor de todo es, ¿ por qué no me la han rebatido?. Sientes cómo era evidente que debían haberte cerrado la boca con un buen par de férreas sentencias. A veces lo hacen, y como te quedas descolocada después de lo que tú habrías calificado como una intervención de lo más ingeniosa, prefieres no escuchar con anteción lo que te han dicho, sino callarte el dolor, porque escuece. No quieres interpretar, pero ya está dentro de tu cabeza, se enciende el cartel luminoso de " Dios santo, tiene razón". Lo peor es cuando éste ilumina otro todavía más grande que parpadea " Estabas equivocada". Parece que el circuito que debería iluminar esta última frase se ha averiado, o simplemente que tu mente te ha concedido un respiro porque sabe lo mucho que duelen ciertos derechados espontáneos. Ya sabes, lo expones, lo acompañas de gestos adecuados, un tono de voz convincente e, incluso, cuentas alguna experiencia personal o aportas un dato que concrete y respalde , de una manera u otra, tu argumentación.


Y bien, tu interlocutor, casi al instante suelta una breve frase (generalmente suele ser así, los hay quiénes te dejan agonizando después de una parrafa de lo más elocuente, y ya cuando estás en el suelo aprovechan para rematarte citando a autores célebres y obras clásicas, malditos) que, en pocas palabras y nunca mejor dicho, aniquila todo lo que has dicho anteriormente. Lo estrangula, le prende fuego, lo tira por un puente, lo mutila. En silencio, le miras y piensas qué hacer. Reconocer que eres imbécil perdida es una opción, pero es bastante desagradable. Aunque no lo parezca, todos hacemos uso del suavizador "hombre, si lo miras así" y cía, como "eso es desde el punto de vista muy subjetivo", "la verdad es que el tema es bastante ambiguo". Con esto, te das tiempo mientras te recolocas la coraza. Venga, venga, dónde está el maldito sirviente cuando se le necesita, necesito que me forjen una espada nueva.
Pero algo más apocalíptico, si cabe, es aquello de "Pero si antes has afirmado que... y ahora dices esto...te estás contradiciendo" o peor aún, " si cuando hemos hablado de tal has mencionado que cual y ahora te inclinas por mirarlo así, en el fondo, me estás dando la razón, sólo que lo dices con otras palabras". Dios mío. Muerte.Te atraviesan con un frío cuchillo una y otra vez. No, por qué a mí, por qué. Yo que estaba tan convencida, yo que quería lucirme y parecía la ocasión perfecta para poder demostrar mis arduos conocimientos, por qué has tenido que decir nada.
Es lo que tiene la soberbia, que nos carcome a todos un poco. Se lucha contra ello, y de hecho, aunque después de todo esto cueste creerlo, a mí me gusta escuchar. Lo que pasa es que a veces, el ego se pavonea y nos ciega.
Mea culpa.

Lo que quise decir pero no pude

Una de las cosas que se me pasó por la cabeza fue el cambio radical que ha sufrido la figura del héroe en los últimos tiempos. No hay que olvidarse de las dos Guerras Mundiales, además de la endemoniada Guerra Fría. El XX, un siglo que parece de fotografía en monocromo, está a la vuelta de la esquina, ondeando un pañuelo blanco mientras tú sigues caminando hacia delante.Parece mentira, pero como dijo Tyler, nuestra guerra es espiritual porque los conflictos bélicos actuales apenas nos afectan de manera directa. Todavía quedan familias rezagadas porque sus hijos han sido enviados a Afganistán, y se encogen en el sofá apretando la fotografía de sus patrióticos retoños.Pero es que, e n general, concibo este siglo XXI como el de la búsqueda en el arcaico baúl del desván. Es como si se hubiera sacado de nuevo la baraja de cartas y se hubieran dispuesto sobre la mesa bocabajo. Día tras día, vamos destapando su identidad. Y es que este parece el siglo de "lo cuestionable", cuando todavía quedan arraigados religiosos, radicales que se niegan a ser flexibles, escépticos que repudian cualquier teórica abstracta, empíricos que se respaldan en las nuevas tecnologías.



No obstante, sería muy injusto decir que este es el siglo "crítico", cuando para mí eso es imposible, puesto que a lo largo de la historia, el hombre se ha ido cuestionando su papel en la sociedad (si se la conocía como tal), su posición en el mundo, sus acciones y las consecuencias desencadenadas, el escenario natural que nos rodea, las "paradojas" cotidianas, los sentimientos, los instintos y los comportamientos humanos. Pero sí que es cierto que, a pesar de que exista la comodidad de ajustarse perfectamente al molde de la época, observo que la gente parece tener más iniciativa. Quizá sea un engaño y sólo sea cuestión de horas que baje el telón y finalice el espectáculo. Pero siento, siento con verdadera intensidad que hay gente que busca, curiosa, husmea y trata de desvalijar esto que llaman presente. Y claro que existieron figuras importantes y no tan históricamente relevantes que contribuyeron al mundo de la ciencia, de cualquiera de todas ellas, que se replantearon un nuevo modelo organizativo o que impulsaron ese afán de protesta reivindicativo.
Y sin embargo, quizá sea porque, obviamente, lo noto latir con más fuerza porque este momento sí lo estoy viviendo cada día, veo cómo la figura del héroe ha cambiado de una manera espectacular.
Allá cuando la industria Marvel sacó a la luz unos hombres musculosos que luchaban contra el crimen y ayudaban a suturar cualquiera de las heridas que hacían sangrar a la casi casi perfecta sociedad estadounidense, el hombre moderno se ha vuelto mucho menos optimista. Y el papel de Dios es constante, lo cual es totalmente plausible, que una figura tan abstracta haya podido permanecer en el ránkin de celebridades a lo largo de toda la historia que conocemos hoy en día es espeluznante, no me cabe ni la menor duda. Pero ahora, ¿queremos un superman?¿Necesitamos realmente un spiderman que nos garantice un sueño profundo?


De este modo, en Fight Club se nos revela el yo ideal, el nuevo héroe edificado con las frustaciones, los fracasos del siglo anterior. Porque nos dimos cuenta de que no podemos morir por ninguna causa en absoluto, porque ya no queda a quién proteger. Ahora no tenemos miedo por una posible amenaza exterior, sino la inoculada en nuestros cerebros. El Estado de bienestar nos incomoda y ya no nos envolvemos en nuestros reconfortantes nórdicos, sino que pasamos las noches contemplando el techo.Y es que queremos volver a jugar, sin miedo, poder romper los juguetes, llorar por el castigo y retozar por la alfombra, como cachorros de león que se mordisquean las orejas.No hemos sido educados para manejar armas, nacimos como la esperanza de un mundo nuevo, como un "hijo, aquí tienes el mundo que ha costado tantas muertes, disfrútalo". Sin embargo, yo me encuentro adormilada y cuando tan de vez en cuando se despierta uno de mis instintos animales, lo retraigo.Busco las riendas y lo ato con fuerza, para que no se escape, para que no se expanda, y asiento. Porque aquí todos hemos firmado un pacto social, no a la violencia, sí a la paz.
A la mierda. Yo quiero ser aquella que realmente haga lo que le de la gana, juegue con los trozos rotos de la sociedad, sufra, se joda, se retuerza y a la vez encuentre la alegría, como un niño, en el mero hecho de romper. Me gustaría poder moldear, destrozar y recolocar, como un castillo, pieza por pieza. Porque soy una inútil del siglo XXI, mi fuerza física se reduce a dos patadas mal dadas, mi intelecto, por llamarlo de algún modo, sólo sirve para sedarme.Tyler es los impulsos que todos los días retenemos, cada vez menos porque apenas los escuchamos, exteriorizados hasta un límite cada inconcebible. ¿Por qué? Porque ya llevamos unos cuantos años domesticados. Y qué curioso, que ahora que nuestros antepasados han luchado para que podamos estar en un mundo sin conflictos aparentemente tan sangrientos, en una sociedad "pacífica", parece como si nosotros tuviéramos que cruzarnos de brazos y sonreír.Porque la vida es maravillosa, viva la democracia, el Estado me quiere, yo soy parte del mundo, soy una ciudadana y lo cómodo que es tener ya el trabajo hecho. A mí que me me manden, que no sé ni cómo se coge un AK-47. Tranquilos, tranquilos, si me pongo tonta sólo pegaré cuatro gritos, porque me enseñaron a esgrimir las palabras como cuchillos afilados, a maldecir a vuestros antepasados.Sin embargo, mucho me temo que varios improperios y apologías bien razonadas no pueden con ninguna bala.

Esperando la Odisea

Para qué engañarte. Nunca se me dio bien el papel de Marla. Soy otra persona, otra persona más que trata de resolver sus contratiempos y encajarlos como puede. Me levanto, despliego el plano: a las ocho y media en clase, a las diez Sociedad, a las 12 en casa.Lo vuelvo a plegar cuidadosamente y lo coloco en el tubo.
Flop, se desliza suavemente creando una pequeña vibración que se instala en mis oídos. Flop, imito, y chasqueo la lengua.
Trato de mirarme al espejo y no encuentro nada más que una cáscara. Proyecto mi mirada en mi propia mirada y sé que no detecto nada, al menos, en este espejo, soy incapaz de verme reflejada. Ni siquiera alargando la mano, emulando un contacto directo con el otro yo que espera con avidez que deposite mi mirada en su interior turbulento.No me malinterpretes, no hablo de una oscuridad que conduce a la nada.Soy, aunque esto no pueda revelártelo un reflejo, un cúmulo de cosas a medio hacer, de diamantes incrustados, otros pulidos, otros a medio hacer.Algunas de estas piedras serán preciosas, otras no, al igual que el fulgor de unas cuantas puede cegarte obligándote a parpadear. Si lo haces, quizás puedas fijar tu mirada otra vez en mi interior, pues no existe gravedad alguna que adhiera estos talismaes a las paredes de mi cuerpo. Flotan y naufragan en un cielo hipnótico que podría describirse más bien como humo, que aunque sumergas la mano en él, no se disipa ni se materializa. Es una vaga realidad en la que las estrellas no son más que pedacitos de tiempos y espacios alterados, cristales de ayeres soldados con expectativas actuales, brillos intensivos que proporcionan el calor que hasta el mismísimo sol puede brindarnos cada mañana.Aunque vea todo esto en mi cabeza, sé que está compuesto por materia puramente onírica, es más ilusión que yo fabrico para poder quitarme la máscara y no sumergirme en algo parecido al vacío más esencial.



Parpadeo, y unos ojos de un color muy común me devuelven la mirada, sin esperar nada a cambio, sin querer profanar mi cuerpo y desvalijarlo, burlando las leyes de la física y, por qué no, el ámbito de lo racional. No desafía a nadie, no busca una complicidad sumergida entre el cristal y mi cuerpo.Son unos ojos, que conforman mi cuerpo y permiten ver y a veces,con el material que obtengo de esas visiones puedo incluso intepretar gestos y acciones que para otros son inescrutables. A veces me pregunto si es que sólo escojo aquello en lo que quiero indagar, si eligo cuándo,dónde y el qué violar y extirpar. Asalto, tal vez, a la intimidad. Quién sabe si mis fórmulas son erróneas, cuanto veo y cuanto siento es lo que sé. Eso sí, también yo me encuentro perdida entre callejones y buceando en páginas en blanco, pues no siempre alcanzo la empatía suficiente, no siempre la puerta está abierta. En ocasiones, incluso, no hay puerta. Y con mis puños desnudos golpeo los ladrillos tras los que se encierran percepciones profundas. Seguramente grite, y aún así no me oigo.Hasta que sangro y dejo de insistir, no sin antes maldecir, me abrocho la chaqueta, me envuelvo en mi bufanda y me largo. No siempre una es bienvenida.
No tengo un don.Es un ligero instinto que he desarrollado, a veces duerme, como tantos otros, pero en ocasiones permanece activo y busca impaciente, nuevas sensaciones,pensamientos recién moldeados que todavía se hallan perdidos.Vuelvo a pestañear, pero esta vez mi reflejo me sonríe.Y ya sé que mis diamantes son fruto de una ilusión, no soy más que carne y huesos, no soy más que todo ello enfundado en un escudo etéreo que proyecta mi mente.Y qué, me digo. Aunque haya gente que trate de visitarme y no encuentre la puerta, posarán su mirada en esta cáscara que ahora, burlona, esboza un sonrisa ladeada. Quizá no encuentren nada, quizá sólo eso sacie su curiosidad.Pero confío en que hay personas que se perderán entre mis pupilas, tratarán de ahogarse en mi humo, buscarán la manera de encerrar el fulgor de mis diamantes imaginarios.Y sólo con pensarlo, tiemblo. Pues no hay nada más bonito que poder compartir tu propio cielo.